Hip hop en Tierra Santa | La poética en Palestina y su reivindicación

Articulos » Enviado por el 28 Enero, 2016

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Una de las características esenciales del Hip hop, como cultura, es su capacidad de transgredir fronteras. Desde el Bronx hasta los rincones inhóspitos de una Siria invadida, el Hip hop ha funcionado como una herramienta de comunicación social.

El impacto cultural, ese híbrido generado entre lo interno y externo en un país, es de gran relevancia, principalmente por elementos comunes, los cuales son compartidos en un mundo global con sus respectivas particularidades. En ese sentido, es razonable el hecho de que un rasgo cultural, que nace desde la marginalidad, ocasionada por un modelo económico específico, tenga la misma trascendencia en otros espacios geográficos de situación similar.

El conflicto Palestina-Israel es un caso singular. Si bien, atender a la historia siempre es una necesidad primaria, en temas de análisis, la vaguedad del tema, aquí tratado, fincará su argumento en mostrar las expresiones musicales del rap en esta zona.

La región Palestina, más allá de una historia de conflictos de siglos anteriores, principalmente por temas de índole religioso, cobró énfasis a partir de la Primera Guerra Mundial. Esta área geográfica fue gobernada por el Imperio Turco Otomano, aliado del entonces Imperio Alemán. Al perder la guerra, y según las leyes bélicas, el territorio otomano pasó a manos de los vencedores, es decir, de Francia e Inglaterra, quedando dividido y con una ola de judíos migrantes llegando al lugar que le correspondía a Inglaterra, del otro lado del río Jordán.

Posteriormente, con el paso del tiempo, se suscitó la Segunda Guerra Mundial y, el tema de la región palestina quedó nuevamente en cuestión. Se hizo frecuente el debate de la declaración de un Estado Independiente,  terminada la guerra, atendiendo a las necesidades de grupos nacionalistas palestinos ante la promesa inglesa de que eso se realizaría, sin embargo, la misma promesa había sido realizada al pueblo judío, en 1917, para ocupar un espacio dentro del territorio.

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A partir de este momento, los conflictos se han perpetuado en la región; la dominación judía, aliada de Estados Unidos, se ha manifestado en un acecho terrible hacia el pueblo palestino, en una guerra permanente, cobrando  impacto mediático al quebrantarse las relaciones políticas. Durante los años siguientes, principalmente en 1948, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró la creación de dos Estados en la región, uno judío y otro árabe, sin embargo, en la práctica no se realizó de esta manera, creándose sólo el Estado de Israel, ante el rechazo del pueblo palestino. Al día siguiente, cinco países árabes (Egipto, Irak, Transjordania, Síria y Líbano) declararían la guerra a la nación recién nacida. La serie de conflictos continuarían hasta la fecha, con la población civil entre las armas.

El rap ha estado presente, a partir de los noventas y con mayor auge en el año 2000 a la fecha, en territorio palestino con un estilo particular, el del conflicto. Agrupaciones como DAM (Da Arabic MCs), Ayman Mghamis, Khaled Harara y la rapera Shadia Mansour, entre otros, se han manifestado utilizando al rap como herramienta de comunicación, realizando una crítica a la situación que acecha a la población civil. El Hip hop es, me atrevo a decir, insurrecto, per se¸ la dinámica con la que surgió y se ha consagrado, a riegos de la mercadotecnia con la que ha sido afectado, lo ha mantenido entre los grupos internacionales de jóvenes –y no tan jóvenes- en situación de guerra, marginalidad, segregación y pobreza; es, como diría Chuck D, líder de Public Enemy, la CNN de la juventud urbana –y rural, también- y ha sido apropiado en espacios en los que la dureza de la realidad requiere de ciertas dosis de ritmo, para ser mostradas al resto.  Tamer Nafar, miembro de la agrupación DAM, comenta: “el rap es para nosotros, el pueblo palestino, la CNN. En cada pueblo, en cada ciudad, en Israel, Gaza, Cisjordania… la gente está haciendo Hip hop.”

En un clima hostil, la música se ha desenvuelto con mayor fuerza, evidenciando las situaciones propias a partir del rap. Para desgracia de ambos pueblos, el judío y el palestino, la guerra continúa, en un claro fracaso de la política como mediador y regulador de los conflictos y, más que hablar sobre el sionismo o la bandera del pentágono en posición, a favor de Israel, son los pueblos los que, aun tengan más parentesco que diferencias, sufren las batallas cotidianas de quien desea obtener la razón, sólo a través de la violencia.